sábado, 21 de junio de 2008

REQUISITO: Poderes sobrenaturales


Quién esté leyendo estas líneas, espero tenga la dicha de no sentirse identificado conmigo, pero si más bien me acompaña en la desdicha de no poder pasarse de un canal a otro, porque un "caballo de metal", raudo y veloz puede partirle el carro (en el mejor de los casos) o la cara (en el peor), usted vive en Caracas y tiene más historias de las que yo aquí mencionaré.
Foto: Cortesía de Mitchel Vidal


Pin, pin, piiiiinnnn...


Así comienza la bienvenida al tráfico caraqueño una mañana cualquiera en un lugar cualquiera de esta ciudad.



Al salir de mi casa y saberme un encuentro inminente con un "colapso" de carros, yo simplemente respiro profundo, coloco mi estación favorita, o a mi locutor favorito o una canción que me alegre la vida y miro hacia El Ávila. A mi lado, gente impaciente se dirige a sus trabajos y tratan, ya muy acostumbrados a la rutinaria cola de Prados del Este, de seguir el ritmo que la vía les impone. Sin embargo, cuando alguno desea cambiarse de canal (con luz de cruce incluida), algo, una fuerza más poderosa los devuelve a su sitio, como si una mano gigante los moviera de vuelta diciendo: ¿y para dónde vas tú soldado? SE LOS PRESENTO SON MOTORIZADOS



A 200km/hr y a casi 1km de distancia:


Hacia un lado y hacia otro, todos los que sí vivimos en cola, y hemos tenido que lidiar con taxistas "patas blancas" haciendo de Meteoro, autobuseros insensatos haciendo paradas en el medio de la vía, otros más sensatos pero legítimamente molestos por las muertes de sus compañeros cerrando la autopista, debemos ir temerosos y desarrollar habilidades sobrenaturales para no encontrarnos (no chocarnos) con los motorizados.



Me explico. Si ustedes van con música a un volumen medio y sus vidrios cerrados y ve su retrovisor y a su vez pone una luz de cruce y vuelve a ver el retrovisor y un vecino del tráfico rara, pero gentilmente le da paso, ustedes ¿qué hacen?, pues pasan claro está. El problema surge cuando usted según el decálogo de orden que aparentemente escribieron los motorizados, deberían escuchar que ellos vienen tocando la corneta desde hace un kilómetro atrás, cuando usted no pensaba cambiarse y su vecino del tráfico no pensaba darle el paso.



También están las situaciones en las cuáles se requiere que usted adivine que alguien se va a accidentar o que algúna otra persona decida en último minuto no darle el paso o cambiarse al mismo canal que usted, y sucede que se queda con un pedacito de la maleta de su carro fuera de la línea divisoria.. eso es un problema, usted sería un egoísta y como sanción un toque de violencia, representado en una patada a su carro bastará...



Luego no faltan las oportunidades en las cuales quieriendo y pudiendo ir más rápido en el canal más rápido de la autopista o de una gran avenida, debemos juiciosa y pacientemente aguantar a un motorizado que va a 2 kms/hr buscando una dirección o hablando por celular manos libres. Cuidado, no toque corneta, además de una usual ofensa con la manos, usted verá como luego de un sútil frenazo, el sujeto en cuestión le dice: ¿y a ti qué te pasa huevón? ¿es que estás apurado? Y sigue su camino como si nada.



Y cómo olvidar que cuando una ambulancia pone a funcionar su sirena, aunque no siempre les creamos que tienen una emergencia, el sentido de ser ciudadanos y responsables (o quizá la idea de que nos persiga en los sueños un potencial fallecido) decidimos abrir paso para que un cortejo, no precisamente fúnebre, de motos se "peguen" y ¡ay de aquel que decida volver a su sitio ráidamente y cortarles el paso!Una marea se posará a su alrededor, uno a uno gritándole groserías.



Los peatones no tienen mejor suerte, resulta que es que ellos no han entendido que el rayado, fue hecho para que el motorizado pueda descansar los pies y las piernas, y porqué no, montarse a la "jevita" que acaba de salir del trabajo.



Si se van a bajar del carro no basta con mirar varias veces el espejo retrovisor, no, ustedes deben medio abrir la puerta, deslizarse cual lagartija por una pequeña ranura, pedir permiso aunque usted no vea a nadie venir, cerrar la puerta con su "derriere" y correr tan rápido como pueda, si es posible por encima del carro. ¿por qué? porque usted debe saber que cualquier "huequito" vacío sin carro y sin obstáculo sólo pertenece a un grupo, los motorizados, y usted debe prever que por allí en algún momento, en cuestión de segundos puede decidir pasar uno de ellos.



Y si la luz está a su favor qué hacer.Lo más recomendable es esperar, tratar de conectarse con su yo más "animal" y anticipar que en sentido contrario, "comiéndose" la luz del semáforo en rojo, viene desde el otro extremo un motorizado que está muy apurado y debe entregar una encomienda que el día anterior no le dio tiempo.



Y fuera del asfalto también... última


Es tan importante esto de anticipar, adivinar y "sentir" lo que puede pasar, que cuando estos personajes se quedan accidentados con su encomienda en la mano, ellos no llaman, sino que esperan arreglar la moto para comentarte una semana después que hicieron el depósito (en el mejor de los casos) o que no pudieron entregar tu planilla para optar a una beca y ése era el último día para hacerlo (en el peor). ¿qué tal?



A este punto los lectores habrán podido contabilizar mentalmente, más de este tipo de historias en su vida o la de sus conocidos y concordarán conmigo en que para poder andar en esta ciudad y convivir con los protagonistas de este, tan agresivo asfalto, un requisito es traer consigo la bola mágica.






sábado, 5 de abril de 2008

Bienvenidos al Club

YA NO ES IGUAL
Coge dato, le decía su amigo. ¡El reloj biológico te está roncando en la cueva! Ella ya está lista para...

Él contestó, en Barquisimeto es así, las salidas con lo amigos son realmente las salidas de los chamos al parque o al club, donde tú eres un invitado "de carambola". Aquellos tiempos de reunirse entre panas a conversar, bailar hasta el amanecer quedaron atrás. Y uno, el que no tiene hijos, ni siquiera estoy casado, es el relleno de aquel cuadro de risas, correderas en vueltas, el camioncito FisherPrice, el lloriqueo de uno, la pelea del otro, la hora del tetero.

Escuché paciente las quejas del uno y del otro. Y me dije: es preciso recolectar historias de hombres y mujeres "jóvenes-adultos contemporáneos" en estado de negación sobre su inminente paso a la adultez, léase, a la responsabilidad y el compromiso consigo y con la sociedad.

BIOLOGÍA PURA
En algún lugar nocturno de Caracas, las historias no fueron muy diferentes. Unas chicas treintañeras ya mencionaban lo dificil que es bajar de peso en estos momentos de sus vidas... "que cuando ya no se tienen 15 mi amor, eso se siente en la cintura, en las revolveras y hasta en las tetas" . Ustedes comprenderán lo que eso siginifica, siendo que es el atractivo por excelencia de la voluptuosidad latinoamericana. Una de ellas, decía (en restrospectiva) que antes ella podía quitarse 6kg en una semana, (suspiró) y... en cambio ahora, replicó otra de ellas, hasta a un dietista he tenido que ir a ver para "quitarme" apenas 3kg, en 4 meses.

No muy lejos de allí, las jaquecas de un caballero se convirtieron en el tema burlesco de la noche para los "amigotes" presentes. Escuché: Él ahora y que tiene jaqueca, por eso no vino. De cuando acá él sufre de jaqueca o migraña, ¿eso es lo mismo o no? Tiene 30 años y se queja como un abuelo. Entre las jaquecas de éste, las idas temprano a dormir del otro y los olvidos de aquel estamos hechos para que un geriátrico se saque la lotería... ¡no joda! Antonio: (refieriéndose al mesonero) Dame otro. (se imaginarán, pidió un whisky, si claro, pero ése que antes se tomaba en las rocas, esta vez era con soda y clarito como para "novia")

¡AUXILIO! SOY UNO DE ELLOS
Antes salíamos a bailar o tomarnos algo. Ahora, ya ni me acuerdo del nombre del local al que tanto fui. Es que ya no aguanto como antes, ni mi cuerpo, ni mi bolsillo. (ahora hay presupuesto)

Mis salidas de los fines de semana están cada vez más extintas y la verdad es que cada vez más, necesito reposar la comida antes de salir a hacer nada. Literalamente, luego de estar "echada" un buen rato voy a ver a mis amigos a sus casas, conversamos, jugamos juegos de mesa, y lo más emocionante del "fin" es ver los primeros pasos Carlitos en la piñata de su hermanito mayor.

Antes no me importaba, salir un día lunes era casi un reto, si lograba salir de lunes a lunes, habría logrado la marca mayor de una verdadera "habitué" de la noche caraqueña. Dormir temprano, jamás.

Recientemente, fuimos al cumpleaños de un amigo.(Oh Dios nooooo) Él decidió que el evento tomaría lugar el mismo día lunes, "mirando Caracas desde las alturas y brindando hasta las 12am". (atrás quedaron las noches en la cuales cualquier día era bueno para salir, menos el domingo, siempre que el lunes hubiera trabajo). A las 10pm, comenzó el cuello a ceder, los ojos a mirar a distintos lados al mismo tiempo y el día siguiente, ya no amenecí tan fresca como una lechuga...

Cualquier excusa es buena para ver películas en la casa, cuando una amiga llama por que anda sin marido, ya no brincamos emociandas gritando "ladies night", le decimos que si quiere podemos almorzar el domingo o en la semana merendar, cargar a un bebé es la cosa más tierna del mundo, las almohadas deben ser cambiadas cada cierto tiempo junto con el colchón para ayudar a la espalda, hacer despedidas, vinadas son lo mejor que podemos hacer en términos de "rumba", la comida ahora "pega" en el estómago, hay que ir con pastillas para el dolor de cabeza a cuanto lugar se vaya y nuestra aventura más importantes será hacer parte de la caminata de la Divina Pastora...

... mientras tanto, en el "salón de la justicia", hermanos mayores, amigos, padres y afines dicen con la mirada: Aquí estamos chicos, vengan, los hemos estado esperando. Welcome to the club!

sábado, 29 de marzo de 2008

Amistad: cómplice y verde

Desde hace algún tiempo había estado tratando de realizar un paseo a la montaña, a esa muralla natural que es nuestro Cerro El Ávila, para muchos el cliché: pulmón de la ciudad, para mí, mi verde pintado entre el cielo y la ciudad de rutina y caos.

Llegó la Semana Santa como anillo al dedo, momento para descansar, para reflexionar, para divertirse, en todo, para suspender la rutina y liberarse en el sentido más amplio. Algunos liberados del pecado, o de la culpa, otros liberados del trabajo van a hacer colas interminables para festejar la playa, la bonanza o la última oportunidad.

Mientras todos se enfilaban hacia un mismo destino, lo que para mí significaba llevar la cola, la rutina y la misma gente a un espacio no habitual, decidí liberarme del tráfico, las cornetas, el smog y hasta de la gente y me dediqué a aquello que nunca tengo tiempo de hacer: caminar y ver Caracas de lejos, bonita, silenciosa, casi podría decir que más verde.

Por supuesto que no todo fue caminar, también algunas diligencias y repsonsabilidades mantuvieron mi mente y cuerpo encapsulado, trabajando como hormiguita para regalarme un fin de semana diferente. Esperé paciente, trabajé duro, me asomé cada día hasta sentir el estruendo silencioso de una Caracas vivible, caminable, comible.

Justo cuando me dispuse a divagar entre posibles destinos y actividades, una querida amiga, me leyó el pensamiento.

- Él Ávila, dijo.

Yo, media dispersa todavía y ya montada en el jeep que nos llevaría a la "Muralla Verde" le dije sin pensar que sí.

- Cuenta con nosotros amiga, dije.

La verdad es que el plan era todo lo que yo quería hacer y no había logrado precisar. Subiríamos a El Ávila, con el Sr Jorge, quién nos esperaría en el Hotel Ávila en San Bernardino, nuestro destino: el Museo de Arte Ecológico.

Una amiga que conoce tan bien mis gustos no me podía defraudar.

Desde que nos montamos en el rústico del Sr Jorge fuimos adentrándonos en la maleza, en el verde y la tierra, el olor de nuestro entorno cambió. Yo, sólo escuchaba las entonaciones, risas y comentarios de los chiquillos que fueron como ángelitos acompañando nuestro camino. Al mismo tiempo encontraba en los árboles y lomas formas indescriptibles que sólo la naturaleza ha podido crear.

Una subida, una bajada, otra subida y otra hasta comenzar a descender vía Galipán-Macuto. La nebilna no nos dejó ver el paisaje, o como digo yo nos invitó a ver más cerca que lejos... aquello se guardaba para más adentrado el día.

Al llegar al Museo de Arte Ecológico o como se le dice por ahí el Museo de las Piedras de Zóes, que por cierto está dedicado a la mujer, tendríamos que regirnos por algunas normas. Ahora no las recuerdo todas, una era quitarnos los zapatos y las medias, el contacto con la madre tierra comienza allí; y para poder entrar tendríamos que tener un chico en el grupo, éso lo teníamos ya pensado, entre dos de los angelitos (varones) y mi parejo, que serviría de comodín al resto de las chicas, estábamos listas para entrar.

Secretamente, había querido ir hace mucho tiempo con Héctor, siendo que es un espacio dedicado a la mujer y al amor qué mejor compañía que la de tu pareja y unas buenas amigas para celebrar el aire, la vida, la tranquilidad y la palabra en silencio, con gestos, sin más.

Habían pequeños espacios dentro del museo dedicados cada uno a un sentimiento, a una perspectiva (femenina o masculina), a un proceso de cambio o de reflexión. Fuimos posta a posta, manifestando de diferentes maneras el amor y el cariño, recuerdo que una de las máximas grabadas en los árboles que nos regocijaban, era que allí el defecto, el pecado es la polémica y la competencia.

Cada posta me dejo algo, trabajar en equipo y buscar siempre el equilibrio, aceptar que somos diferentes, ¡qué maravilla!; decir lo que quieres sin temor, confiar en tu pareja o en el otro, despojarnos del dolor, del negativismo, reflexionar y con plena conciencia pedir a la madre naturaleza algún deseo escondido, caminar por un puente a ciegas, tomando la mano de tu compañero, dejarte llevar, fluir, para finalmente ver lo que la neblina antes no dejó: Macuto en su máximo esplendor.

La vista de Dios es de seguro de las más hermosas que pueda tener el mundo, porque desde arriba todo se ve hermoso.

Transcendimos al tiempo, llegaron las 4pm y nosotros estábamos más que instalados.

Ahora tocaba subir, subir y otra vez para luego bajar de vuelta a Caracas, no sin antes mirar de pasada las flores, anotar mentalmente algunos nombres de posadas y ver la ciudad desde un ángulo diferente, de nuevo bella, pulcra, silenciosa.

Llego a casa, descanso y suspiro, agradecida del día vivido, experiencias como estas, son posibles gracias a la cómplice amistad. ¡Gracias Michi y a ti Mi todo!

Entrando delcalzada... y con miedo

Fue hoy, y no sé porqué. He pensado que es momento de adentrarme en esta aventura. Mis dedos se confunden, mi mente vuela por los archivos atesorados en mi recuerdo. Estoy aquí frente a un gran reto, desnudo el corazón y desordenado el verbo.

No soy yo la que escribe.Es otra, ésa que desea salir a tientas en la noche, como escondiéndose para que nadie la vea comer un dulcito o abrazar fuertemente a un oso de peluche. Ando sin rumbo, y siento frío en los pies, me disperso con facilidad, todo me atrae... ¡hay tanto por descubrir!

Hoy comienzo a caminar por los pasillos de una casa gigante, estoy a obscuras, con algo nervio, emocionad y ansiosa. Mi luz serán las palabras, las letras y su sentido. Sí, hoy, y aún no sé porqué.

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